14 de abril de 2009

Un viaje... mil

Sólo he escuchado dos veces esta canción en directo. Pero en la intimidad de mi cuarto reconozco que las paredes han aborrecido sus versos ya. Cientos de veces al cerrar los ojos las palabras sesgadas de un amor doloroso, oscuro, me han transportado a lugares y momentos distintos. La oía al recorrer kilómetros por el desierto del Sahara, casi al llegar a Abu Simbel; en algún bulevar parisino bajo su cortante y típico frío; también en Carden town, en pleno mercadillo; en la esquina de Haight y Ashbury, y paseando por la calle Regomir, camino a la plaza de la Clandestina.
La primera vez que la escuché en directo me emocionó ver la cara de las miles de personas que, como yo, cantaban entregados a las mismas letras, las mismas emociones y sentimientos que yo vivía.
La segunda vez, simplemente disfruté.
Por más lejos que vaya, siempre habrá partes de mí de las que no me podré deshacer. Y eso me encanta. Soy una golfa.






Ocio y jevi metal


"Según un juez, Tulleren "no puede desempeñar su trabajo sin someterse a intensivas sesiones de heavy". El magistrado aclaró, además, que en muchas ocasiones las mismas representan un problema para que se desempeñe bien en su empleo. Todo comenzó cuando despidieron, una vez más, a este fanático que "durante 2006 asistió a más de 300 recitales", según informó el diario El Mundo.
La adicción de Tullgren se inició cuando en 1971 su hermano mayor le hizo escuchar un disco de
Black Sabbath. Desde hace 10 años que le solicitaba a la Justicia que le reconozca su pasión musical como una dependencia que le generaba problemas, y ahora lo ha conseguido.
Finalmente, el fanático obtuvo una respuesta y ahora podrá trabajar sólo media jornada y recibirá 400 euros mensuales."
(de Tonterías del rock)


Después de esta noticia extraída (según ponía en su cachondo blog de origen) del diario 20 minutos, me planteo mudarme a Suecia, de donde es el tal Tulleren. La única pega es que con 400 euros no da para muchos discos de jevi después de pagar alquiler y gastos. De momento, el ocio sigue considerándose algo innecesario, pero quizás las reivindicaciones obreras a favor de la reducción de jornada laboral han encontrado en Tulleren a un nuevo aliado. Y yo, para no ser menos, os dejo un enlace a la perdición del sueco, a ver si cunde el ejemplo por aquí.



9 de abril de 2009

Felicidad (qué bonito nombre tienes)


Rímel y carmín,
la noche avanza como cualquier otra.
Suena mi canción.

Ítaca, amor y odio

Poema de Ítaca

Lo que más me gusta de la ítacas es eso de tomarse con calma el camino. Hay veces en que la sensación de búsqueda de lo perdido es desesperante. Y siempre intento no dejarme vencer por la ofuscación de no ver entre la niebla las costas de la isla. Pero es en esos momentos en los que recuerdo aquello de que ella ya me ofreció un hermoso viaje.

"Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado"


Pero, no puedo evitar tenerle un poco de rabia. Dichosa Ítaca, sé que no me has engañado porque me engañé yo sola. Sabía cómo eras, pero en mi imaginación tomaste una forma mística, perfecta. La promesa de tí me hizo ser como soy. Gracias por traerme hasta aquí, pero sabes que te odio un poco.


Pd. Esta hermosa canción me acompaña en cualquier camino y también trata de las ítacas.

Perversos de estar por casa

Calendarios de desnudos

Están tan de moda que todo el mundo tiene o ha participado en uno. Al menos, conoce su existencia. Los calendarios con desnudos de gente corriente son la muestra tangible de la superación en nuestra cultura del tabú de la desnudez. La charcutera posa en cueros rodeada de salamis y paletillas, el astrofísico sólo tiene un radiotelescopio para ocultar sus vergüenzas. Normalmente, este afán por el despelote se excusa tras una buena causa tal como la recaudación de fondos para unos huerfanitos. Pero en realidad, a mí me sugiere más cachondeo que otra cosa. El nudismo ya no está en la carta de perversiones… excepto para mi vecina, que sigue escandalizándose por las esquinas cada vez que me ve tomando el sol en la terraza (por cierto, creo que tiene que trepar un metro de muro al menos para poder ver mi patio). Lo dicho, todos perversos.

9 de marzo de 2009

Realidad/arte/gusto





El fotógrafo Richar Billingham dedicó parte de su vida y obra a tomar instantáneas de su desestructurada familia (su padre es un alcohólico crónico y su madre una mastodóntica pieza de carne tatuada con un gusto de lo más kitsch para la decoración).
El autor declaró que el porcentaje de su obra que el consideraba arte servía para alejarlo de la dura realidad que vivió durante su infancia y juventud, y que encontraba algo poético en el sisnsentido de lo que retrataba. Pero el resto de fotografías, aquellas que simplemente eran tomas de un viejo borracho y de su gorda madre le hacían sentir una pena infinita.
Billingham nunca dejó claro cuáles de las fotos consideraba arte. En lugar de eso, deja al espectador que decida por sí mismo qué pensar de su obra, la cual es de una crudeza innegable.
La interpretación personal del arte es vital para observar la obra del fotógrafo; la noción del gusto, es esencial para interpretarlo. (Ver Colección completa/información de Richard Billingham)



2 de marzo de 2009

Nena, yo soy un artista...


“Todo escritor está obligado a encontrar su propio lenguaje, tal y como todo violinista está obligado a crear su propia tonalidad…”

Marcel Proust





Los tópicos y clichés en el arte son imágenes repetidas y comúnmente aceptadas. En la mayoría de los casos se debe a que resultan acertadas o atractivas. Cuando hablamos de un amanecer «rojo como el fuego» sabemos que no estamos siendo originales, pero a pesar de ello la fuerza de la metáfora es innegable.
Toda creación artística implica la asimilación de ciertos recursos comunes en nuestro imaginario, ya que ningún artista puede desligarse por completo de aquella cultura en la que se ha visto inmerso toda su vida. El umbral que distingue la influencia de otras creaciones y la explotación del tópico es borroso. Y de cualquier forma, el arte no debería aspirar a la repetición interminable de lugares comunes. El arte es posible sin tópicos, ya que la negación de ello equivaldría a aceptar que no existe nada nuevo por hacer ni nada nuevo que decir, y por extensión, que el arte se ha agotado.
En mi opinión, uno de los conceptos básicos para caracterizar al arte como tal es el de que cualquier creación debe aspirar a una «autenticidad». Toda obra artística se incluye dentro de una tradición determinada, que implica que está relacionado con los tópicos de su época. Desligarse de ello, convertirse en original es una tarea prácticamente imposible. Pero de cualquier forma, todo artista debería pretender expresar hasta las últimas consecuencias su visión del mundo. El arte es la vía de expresión por excelencia de la subjetividad. La mirada particular del artista es lo que dota a la creación artística de sentido. Y, por tanto, los tópicos pueden convertirse en un recurso para la innovación o eclipsar por completo la autenticidad del proyecto.


La creación artística sin tópicos es posible, pero no por ello de mayor o menos calidad. Los tópicos no son siempre perniciosos, pero sí lo es su uso sistemático para la propia esencia del arte. En la sociedad de masas este antiguo debate de la historia del arte extiende sus manos hacia otros ámbitos, el conflicto entre el individuo y la masa, el valor de la libertad y la soledad que esta comporta (ver http://www.wolton.cnrs.fr/ES/dwcompil/glossaire/societe_ind_mass.html). Para el artista, enclavarse en una tendencia concreta puede significar abandonar la marginalidad creativa y entrar en el mercado, de ahí el abuso de tópicos. La excasa originalidad y autenticidad del arte parece una de las características del cambio de la era moderna. Pero la respuesta para el futuro del arte no está zanjada, si no que la construimos día a día entre todos, intentando hacer sonar nuestras voces por encima de todo ese ruido mediático.




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